Circula por las redes una curiosa historia sobre el origen del nombre de Curaçao, isla de las Antillas Menores del mar Caribe, compartida incluso por medios y periodistas que la han dado por cierta, aunque en realidad se trata de una leyenda urbana. Según esa versión, los navegantes españoles o portugueses dejaban en la isla a marineros enfermos de escorbuto y, al regresar tiempo después, los encontraban recuperados gracias a los frutos locales. Por eso, dicen, el lugar habría recibido el nombre de «Isla de la Curación» o «Ilha da Curação». Suena muy bien, pero no hay ni un solo documento histórico que avale esa explicación.
El parecido entre «Curaçao» y «curación» ayudó a que el relato se difundiera, como ocurre con muchas etimologías populares. El problema es que el nombre de la isla ya aparece en mapas y documentos españoles con formas como Curaçote, Curasaote o Curasaore, y los registros tempranos mencionan a sus habitantes como «Indios Curaçaos». Todo ello apunta a que el topónimo tenía un origen indígena, relacionado con los pueblos arahuacos y caquetíos que vivían en la zona antes de la llegada de los navegantes europeos.
También encontramos que circula otra versión que lo relaciona con el portugués «coração» (corazón), por una supuesta forma de la isla o por su papel comercial en el Caribe, pero tampoco cuenta con apoyo documental sólido.
La explicación más aceptada es que el nombre de Curaçao (Curazao en castellano) no nació de «curar» ni de tener forma de «corazón», sino de una antigua denominación indígena que los españoles recogieron por escrito y que, con el tiempo, se adaptó a la forma actual.
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