"Hola. Buscas sumiso?". Así empezaba el mensaje que recibí hace unas semanas. Un mensaje similar a otros que me proponen convertirse en mi sumiso financiero, esclavo virtual o sugar daddy. Pero esta vez, en vez de eliminarlo y bloquear la cuenta, contesté.
Mi mensaje, donde le confirmaba que lo que buscaba era que desconocidos no me escribieran cosas así sin conocerme de nada, porque me resulta violento e incómodo, salió por la culata. No solo me dijo que él estaba en un país libre y que podía hablar con quien le diera la real gana, sino que yo no era nadie para decirle con quien tenía que hablar, que era "una imbécil" y seguidamente, bloqueó mi cuenta.
Con mi respuesta se sintió directamente atacado hasta el punto de buscar la opción en la plataforma que le evitase toda interacción con él por mi parte. Pero, a la vez, fue la evidencia de que de sumiso, tenía poco. Y es que la sumisión, la de verdad del BDSM, pasa por una (o varias) conversación previa, en la que se aborda el consentimiento informado entre ambas partes, se negocia cómo se va a dar, cuáles son las condiciones y se fijan los límites.
La prueba del algodón de un verdadero sumiso es que ni te invade, ni te exige de primeras y mucho menos reacciona con agresividad cuando compartes tus emociones al respecto. Quien me había contactado no tenía interés en ser mi sumiso, sino en utilizar una dinámica donde supuestamente me cede el poder para ganarse mi confianza y realmente satisfacer sus deseos (fueran los que fueran), como se vio más adelante. Lo que yo quisiera o cómo me sintiera no importaba.
Esta es la primera vez que respondo a uno de esos mensajes y, como ves, se quedó en una interacción bastante molesta. Pero me pregunté qué tipo de hombres habría detrás de los otros mensajes. Revisando las propuestas que me habían llegado, los había que incluso añadían "Te mimaré una vez a la semana sin necesidad de que me mandes nudes (fotos sin ropa)" o "Me gustaría que fueras mi compañera, viene con recompensa semanal y nada de sexo involucrado".
¿Sumisión o abuso?
Es llamativa la cantidad de hombres desinteresados que están dispuestos a sostenernos económicamente, una solidaridad pasmosa. Podría parecer que solo les mueve el interés por disminuir la brecha económica entre hombres y mujeres, convirtiéndome en su misión filantrópica. Sin embargo, el reclamo del dinero 'fácil' con ese supuesto no-retorno se utiliza como gancho.
Porque, de nuevo, alimenta esa idea de que eres tú quien lleva el volante en todo momento y que esta es una forma de ganar dinero rápidamente y sin riesgos. Sin embargo, en cuanto tienen cierta confianza o ya has pasado esa línea, cambia la dinámica: peticiones a su gusto, exigencias, demandas más explícitas y, al final, es él quien tiene el control y simplemente te ha usado para satisfacer sus deseos. Not all sumisos, claro. Pero sí estos.
Encuentro una segunda modalidad en mis carpetas, los sugar daddy que te escriben en inglés y cuya foto de perfil suele corresponder a la de un hombre blanco con canas. Este tipo de DM, mensaje directo, que parece copiado y pegado por su falta de personalización, va más allá, porque tampoco es una petición seria, es una estafa.
Leyendo sobre casos de personas que han caído en esta trampa, el supuesto sugar daddy te envía una foto de que te ha hecho el pago, pero ha quedado pendiente. Para solventarlo, te pide que le envíes tú primero una cantidad de dinero para verificar que tu cuenta es válida. Su supuesto pago nunca llega, por supuesto.
O incluso inventan alguna excusa para que la sugar baby, compre una tarjeta de regalo de Steam o Google Play. ¿La premisa? Construir la relación. "Mi estafador intentó convencerme de que era para crear -en sus palabras-, una base de confianza transaccional", leí en Reddit sobre una víctima de uno de estos sugar daddies.
A día de hoy, sigo sin conocer casos de 'sumisos' que no escondan una estafa o a un hombre que está dispuesto a sacar una ventaja sexual de la situación. No digo que no haya excepciones, pero entre la experiencia propia y lo que he leído de experiencias ajenas, abrir esa puerta raramente nos va a colocar a las mujeres en una situación de poder. Lo más probable es que seas tú la que va a pagar el pato.
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